Tardes de verano I Rorschach

Verano, 32° en un día soleado, que da la sensación de estar viviendo en el Sahara, perdido en el desierto. Voy bajando poco a poco los escalones, notando mi cuerpo cansado, pero cada uno de mis músculos hinchados, y las venas bombeando sangre a toda hostia. Había estado entrenando en la terraza al pleno sol de tarde, y no me preocupaba demasiado ir sudado, de que no me hubiera dado tiempo pegarme una ducha. Voy llegando al final de la escalera, y mientras me voy acercando a la puerta voy levantando la mirada.

Ahí estaba ella, mirando calle abajo, que había parado a verme en uno de sus paseos. Abro la puerta y a los 3 segundos escucho – Que flipado no? –. Sí, hay cosas que nunca cambian supongo. Sabia que simplemente le picaba un poco verme así, y que no había maldad tras esa pregunta, tan solo algo de picardía, curiosidad. – La gente suda cuando hace deporte eh – le contesto sin darle importancia, y veo que de un momento a otro le cambia la cara y empieza a reírse. – Como estás? – mientras que me abraza y me da un beso en la mejilla, de forma extrañamente dulce.. Hacía tiempo que no quedábamos como antes, y aunque nos lleváramos bien, también hacía tiempo que no notaba cariño ni por su parte, ni por la mía. – Bien, estaba entrenando un poco para despejarme, ha sido una semana dura – la observo fijamente mientras que hablo, y noto como me esquiva la mirada. La notaba algo nerviosa, como si algo le estuviera rondando por la cabeza. – Subes? – le preguntó sin más, a lo que me responde afirmando tras unos segundos de meditarlo. Mientras que vamos subiendo las escaleras le estoy dando vueltas, a como le debe ir todo, a como le estará yendo con los chicos, y si por fin había encontrado esa paz que tanto ansiaba..


Salgo de la cocina con unos vasos y una botella de agua fría, ella ya estaba sentada en el sofá, observando con una mirada perdida la televisión. – Bueno, a que se debe el placer? – le pido mientras que le voy echando agua. – Justamente pasaba al lado de tu casa, y recordé que hacía tiempo que no íbamos a pasear un poco juntos.. – a lo que le respondo – si es verdad, hace mucho que no lo hacemos –. Tras un momento de silencio le propongo pegarme una ducha, y después dar un paseo juntos, para charlar un poco. Después de asentir, se echa hacia atrás en el sofá con el móvil, mientras que me voy a la ducha.

El agua fría cayendo sobre mis hombros me despeja bastante, al tiempo que intento evitar ciertos pensamientos que me vienen a la cabeza cada dos por tres.. Sabia lo que era lo correcto, pero también sabía lo que apetecía, lo que tanto ella como yo en el fondo ansiábamos..


Al entrar en la habitación aún medio mojado y tapado con una toalla, me echa una mirada con la que casi me come, para después apartar la mirada al instante. Me acerco a ella y le digo – Qué, que hacemos? –. Solo pasaron 2 segundos pero parecía toda una eternidad. Una eternidad que transcurría en cámara lenta, una situación que veías desde todas perspectivas al mismo tiempo, que más que verla, la sentías directamente. La temperatura de la habitación subía poco a poco, la piel se nos erizaba ligeramente.. Levanta la cabeza lentamente mientras que se cruzan nuestras miradas, y por poco saltaban chispas. Eran una pasada, sus ojos. Cualquiera diría que eran unos ojos marrones sin más, pero yo me perdía en ellos observando una galaxia entera color marrón oscuro, llena de destellos y con un fondo infinito.. Sin decir ni una sola palabra me coge de la mano y me estira hacia ella, mientras con la otra me estira la toalla suavemente hacia abajo.


Sin darnos cuenta estábamos encima del sofa tumbados, sudando, ardiendo, explotando.. Como fuegos artificiales, fogosos, espectaculares y explosivos, sin dejar ni un segundo de ser peligrosos. Pero nos daba igual. La habíamos cagado tantas veces, que ya por una vez mas..? Mientras le lamo el sudor del cuello, aprieto sus nalgas con toda mi fuerza, se le escapa un gemido.. Tras esto ya no se contiene y pasa a gemir sin parar, casi llorar tras cada empujón que le meto. La agarro del cuello y la penetro hasta el fondo para que le duela, un poco. Me acerco a su oreja y tras morderla suavemente, le digo – Quien es mi putita? –. Suspira profundamente y me contesta con la voz temblando – Yo –. Tras darle un azote en el culo, y entre varios gemidos levanta un poco la voz y me dice – Yo soy tu putita, nunca he dejado de serlo.. –.

Share: