Rosa Bizantina Rorschach

Rose, que decirte que no sepas ya? Pues supongo que muchas cosas, ya que nunca he sido demasiado bueno expresando mis sentimientos y emociones. Alguna que otra bella durmiente ya me llego a llamar piedra o trozo de hielo, de esos que a parte de no ser blandos, encima se van desgastando poco a poco por la erosión, hasta que no queda nada..

Siempre fuiste la niña de mis ojos, teniéndote cerca, teniéndote lejos. Esto no quiere decir que no me gustaran otras mujeres, o que no disfrutara con ellas, o que no pudiera sentir amor por ellas.. sino que entre todas, si alguna vez tendría que haber elegido una, esa sin duda hubiera sido Rose.. Tan merecido su nombre, pues era preciosa, con pétalos al rojo vivo, como fuego, o de un color vino tinto que emborrachaba con tan solo rozar sus labios.. Pero preciosa. Por dentro y por fuera, con todas sus espinas. No cualquiera sabía cogerla sin cortarse en el intento, y pocos supieron valorarla incluso después de haberse cortado con sus dolorosas espinas..

Recuerdo aquella noche de verano. Ella de rojo, como no, yo yendo con calma toda la noche. Hasta que se le paso por la cabeza rozarme, y entonces me vio acelerando sin freno, los dos sudando y ella gimiendo a mis oídos. Gritando mi nombre, arañándome la espalda, mientras la empujaba contra el colchón.. Un beso tras otro, entre mordiscos y miradas más profundas que los propios vaivenes encima de ella, cosa que parecía imposible por el nivel de sus gemidos, por sus ojos en blanco al estar acabando, por caer rendida en mis brazos, temblando…

Nunca tuve claro si sería la mujer con la que pasaría el resto de mi vida. Quizás sí, quizás no. Pero había demasiadas incógnitas en nuestra vidas, demasiados sueños sin cumplir aún, demasiadas piezas rotas… Si la vida me había dado 6 balas para acertar el tiro, y llevaba la mitad falladas con ella, quería reservarme la cuarta para un tiro seguro. Un tiro seguro, en otra noche de verano junto a una copa de vino tinto, ella en su vestido rojo, yo con la mente por fin tranquila, los dos enteros, de una vez por todas. Brindando mirándonos a los ojos, a la tenue luz de la luna, sin decir nada, porque por fin todo estaba dicho…

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